El contacto con la naturaleza tiene un impacto en la salud física, mental y emocional. No se trata solo de disfrutar de un paisaje bonito: reconectarnos con entornos naturales nos devuelve al equilibrio biológico que nuestro cuerpo y cerebro necesitan para funcionar correctamente.
Numerosos estudios (ver referencias) han demostrado que la exposición regular a espacios verdes (como bosques, parques o jardines) y azules (como playas, lagos o ríos) puede mejorar la salud cardiovascular, mental y metabólica, y reducir el riesgo de enfermedades crónicas.
Salud mental y bienestar emocional
La naturaleza actúa como un regulador natural del sistema nervioso. Pasar tiempo en entornos naturales disminuye los niveles de cortisol —la hormona del estrés— y favorece la producción de serotonina y dopamina, neurotransmisores relacionados con la sensación de calma y bienestar.
Durante la pandemia de COVID-19, se observó que las personas con acceso a espacios naturales experimentaron menores niveles de depresión y ansiedad, incluso bajo condiciones de confinamiento estricto (Pouso et al., 2020). La naturaleza ofreció un refugio emocional, ayudando a mantener el equilibrio psicológico y reducir el sentimiento de aislamiento.
Asimismo, estudios recientes han mostrado que basta con 20 minutos diarios al aire libre para mejorar el estado de ánimo, disminuir la tensión arterial y reducir la percepción de estrés. Este efecto se conoce como “baño de bosque” o shinrin-yoku, una práctica ampliamente utilizada en Japón como estrategia terapéutica.
Además, la exposición a entornos naturales se ha vinculado con una reducción de la rumia mental —esos pensamientos repetitivos y negativos que alimentan la ansiedad y la depresión— y con un incremento del bienestar subjetivo y la claridad cognitiva (Bratman et al., 2021).
En personas con trastornos del estado de ánimo, pasar tiempo en la naturaleza puede mejorar la concentración, el sueño y la regulación emocional. Incluso en pacientes con enfermedades crónicas, las terapias naturales contribuyen a aliviar el dolor y mejorar la percepción de calidad de vida.
Beneficios para la salud física
Los efectos físicos del contacto con la naturaleza son igual de potentes. Las personas que viven o pasan tiempo en entornos naturales tienden a ser más activas físicamente, lo que se traduce en una reducción del riesgo de obesidad, hipertensión y enfermedades cardiovasculares (Banwell et al., 2024; Jimenez et al., 2021).
Realizar actividad física en espacios verdes —como caminar, practicar yoga al aire libre o simplemente dar un paseo— potencia los beneficios del ejercicio, mejorando la presión arterial, la función respiratoria, la salud metabólica y la fuerza muscular. Además, la exposición a la luz solar ayuda a sintetizar vitamina D, fundamental para la salud ósea y el sistema inmunitario.
Estudios también han demostrado que las personas con un mayor contacto con la naturaleza presentan niveles más bajos de inflamación sistémica y mejor funcionamiento del sistema inmunológico, debido a la exposición a microorganismos beneficiosos presentes en el ambiente natural, conocidos como microbios del suelo. Estos microorganismos estimulan la diversidad del microbioma humano, fortaleciendo las defensas naturales del cuerpo.
A nivel cognitivo, estar al aire libre también mejora la atención y la memoria de trabajo. Un simple paseo de 30 minutos en la naturaleza puede restaurar la concentración mental después de un largo periodo de trabajo o estudio intenso.
Por último, estudios recientes han relacionado la exposición a espacios verdes con una mayor longevidad y una reducción de la mortalidad prematura, reforzando la idea de que la naturaleza no solo relaja, sino que también prolonga la vida.
Niños y adolescentes: crecer en verde
Los niños y adolescentes que mantienen una conexión frecuente con la naturaleza muestran mayor bienestar emocional, mejor rendimiento cognitivo y más actividad física (Fyfe-Johnson et al., 2021).
Durante la pandemia, reforzar la conexión con la naturaleza se asoció con un mayor equilibrio emocional en los adolescentes (Jackson et al., 2021).
Terapias basadas en la naturaleza
Cada vez más profesionales de la salud recomiendan “prescripciones verdes”, es decir, pasar tiempo en espacios naturales como parte del tratamiento para mejorar la salud mental y el bienestar general.
Estas intervenciones basadas en la naturaleza ayudan a reducir la depresión, fomentar la calma y fortalecer el sentido de conexión con el entorno (Joschko et al., 2023).
Naturaleza y equidad en salud
Garantizar el acceso equitativo a entornos naturales es fundamental. La infraestructura verde —como parques urbanos, huertos comunitarios o rutas verdes— mejora la cohesión social, la resiliencia climática y la salud comunitaria (Anderson et al., 2021).
Cómo tener más contacto con la naturaleza en tu vida cotidiana
El contacto con la naturaleza no requiere grandes viajes ni largas caminatas por el bosque. Se trata de crear momentos de conexión consciente con el entorno natural, incluso en pequeños gestos diarios. Aquí tienes algunas formas sencillas y efectivas:
1. Empieza el día al aire libre
Dedica unos minutos por la mañana a salir al balcón, al jardín o a una ventana abierta. Respirar aire fresco, observar el cielo o simplemente escuchar los sonidos del entorno ayuda a reducir los niveles de cortisol y a preparar tu mente para el día.
2. Camina en espacios verdes
Incorpora paseos por parques, playas o senderos naturales en tu rutina. Incluso 20 minutos diarios de paseo entre árboles o cerca del mar pueden mejorar tu estado de ánimo y tu concentración.
3. Practica actividades al aire libre
Yoga, meditación, lectura o simplemente sentarte en un banco del parque. No necesitas una rutina estructurada: lo importante es permitir que la naturaleza te envuelva y reduzca el ruido mental.
4. Lleva la naturaleza a tu hogar
Si vives en ciudad, crea tu propio rincón verde. Tener plantas en casa, en la oficina o en el balcón puede mejorar la calidad del aire, reducir el estrés y aumentar la sensación de bienestar.
5. Desconecta para reconectar
Deja el móvil en casa durante tus paseos o establece momentos del día sin pantallas. Estar presente y observar los detalles —el color de las hojas, el canto de los pájaros, el viento en la piel— favorece una conexión más profunda con tu entorno.
6. Aprovecha los espacios “azules”
Además de los bosques y parques, el contacto con el agua —ya sea el mar, un río o un lago— tiene un fuerte efecto calmante sobre el sistema nervioso. Escuchar el sonido del agua puede disminuir la frecuencia cardíaca y promover la relajación.
Referencias:
Pouso, S., Borja, Á., Fleming, L. E., Gómez-Baggethun, E., White, M. P., & Uyarra, M. C. (2020). Contact with blue-green spaces during the COVID-19 pandemic lockdown beneficial for mental health. Science of The Total Environment, 756, 143984. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2020.143984
Jimenez, M. P., Hart, J. E., Deville, N. V., Schiff, J. E., Elliott, E. G., Wilt, G. E., & James, P. (2021). Associations between Nature Exposure and Health: A Review of the Evidence. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(9), 4790. https://doi.org/10.3390/ijerph18094790
Bratman, G. N., Gross, J. J., & Olvera‐Alvarez, H. A. (2021). The affective benefits of nature exposure. Social and Personality Psychology Compass, 15(8). https://doi.org/10.1111/spc3.12630
Fyfe-Johnson, A. L., Hafferty, K. R., Cullaz, T. M., Hazlehurst, M. F., Thomas, R., Bratman, G. N., Perrins, S. P., Garrett, K. A., Marcuse, E. K., & Tandon, P. S. (2021). Nature and Children’s Health: A Systematic Review. Pediatrics, 148(4). https://doi.org/10.1542/peds.2020-049155
Anderson, V., Agic, B., & Gough, W. A. (2021). Nature-Based Equity: An Assessment of the Public Health Impacts of Green Infrastructure in Ontario Canada. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(11), 5763. https://doi.org/10.3390/ijerph18115763

